Iglesia Parroquial San Juan Bautista

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El esfuerzo fue grande y la carga pesada para los vecinos de Alcalà, pues durante unos cincuenta años sumados los años de construcción de la Iglesia y el Campanario, debieron hacer frente al treinteno y a las aportaciones voluntarias de jornales (“obra de vila”), sin contar con ninguna ayuda externa. Las obras de la Iglesia y el Campanario fueron financiadas con la contribución de cuotas aportadas por los vecinos de Alcalá (“treinteno” de cada 30 cántaros de vino, aceite o arrobas de trigo, entregaban una parte para la construcción de ambas). Dicha contribución dejó de pagarse en el año 1803. La Iglesia de San Juan Bautista se edificó entre 1735 y 1776 en la misma ubicación que la primitiva iglesia. Los arquitectos fueron José Herrero, Antonio Granjer y Joan Barceló.

De planta de cruz latina, el espacio interior del templo consta de tres naves divididas en cinco tramos con crucero. La nave central presenta bóveda de cañón con lunetos. En las dos naves laterales, en los espacios delimitados por los contrafuertes, se sitúan capillas, cubiertas por cúpulas, sin tambor y con linterna. El crucero se cubre con una cúpula con pechinas, tambor con ocho ventanales y sin linterna. La fachada, una enorme pared de perfil mixtilíneo, coronada de fanales y rematada con la estatua de San Miguel, se impone a las tres portadas, de composición simétrica, la central de tres pisos y las laterales, de dos pisos. La portada central: en su primer piso, está enmarcada por cuatro columnas de orden compuesto, y en los dos espacios intercolumnios laterales se sitúan sendas hornacinas con San José y San Vicente Ferrer; el segundo piso está centrado en un nicho con la estatua del santo titular enmarcado con dos columnas corintias, y en los extremos, dos pilastras rematadas con estatuas (San Acisclo y Santa Victoria); y el tercer piso está formado por una ventana oval, coronada por un frontón mixtilíneo partido. Las dos portadas laterales, gemelas, presentan en el primer piso dos semicolumnas dóricas, y en el segundo, una hornacina (San Benito y Santa Magdalena), coronada con un frontón escarzado. La decoración se basa en yeserías barrocas y pinturas en la bóveda de temas alegóricos y figurativos. El gran retablo central fue realizado en 1996 por el pintor Vicente Traver Calzada, quien a través de su motivo central, la degollación de San Juan Bautista, deja reflejada la incontemporaneidad de la violencia y de la maldad. 

El Museo Parroquial se encuentra en el interior de la iglesia, y en él se exponen pinturas al óleo, paneles y otros objetos de orfebrería y ornamentos, y constituye todo un valuarte para la recuperación del patrimonio artístico-religioso de la localidad, el cual permanecía almacenado de forma precaria hasta su redescubrimiento. La totalidad de las obras de arte y objetos que se exponen en la Iglesia Parroquial pertenecen a ese legado olvidado durante siglos y finalmente recuperado para su estudio y deleite. La sala del museo se halla situada en una amplia dependencia cuadrangular de la primera planta. Su acceso se efectúa a través de una escalera que parte de la estancia contigua a la actual sacristía, y se comunica con otra sala que era el antiguo archivo y que sirve como espacio complementario de exposición de la sala principal.